Investigadores del Sultanato de Omán y el Emirato de Qatar analizaron una serie de casos de pacientes portadores de metástasis miocárdicas y endocárdicas de carcinoma de células escamosas y publicaron sus hallazgos y conclusiones en la edición del 19 de marzo de Archive of Clinical Cases*.
Tal será el contenido de la NOTICIA DEL DÍA de hoy.
Los autores prologan su artículo señalando que el corazón es un sitio poco común de cáncer.
Las neoplasias malignas cardíacas primarias son poco frecuentes (prevalencia del 0,002% al 0,3%), y la mayoría de los tumores cardíacos son metastásicos.
La incidencia de metástasis cardíaca en la literatura varía significativamente entre el 2,3% y el 18,3%.
Los cánceres que se sabe que metastatizan al corazón son los que se originan en la cavidad torácica (cánceres pulmonares primarios, mesoteliomas), seguidos del melanoma, el carcinoma de mama, el carcinoma de ovario y, con menor frecuencia, las neoplasias malignas linfoproliferativas o mieloproliferativas, los carcinomas gástrico, renal y pancreático.
La metástasis cardíaca es una de las complicaciones más devastadoras de todos los tipos de neoplasias malignas y tiene un enorme impacto en el estado clínico y el pronóstico del paciente.
Las metástasis cardíacas afectan diversas estructuras cardíacas, dando lugar a diversas presentaciones clínicas.
La metástasis en el pericardio se reporta como la localización más frecuente (69,4%), siendo el derrame pericárdico y sus complicaciones la presentación más común, seguida de las metástasis epicárdicas y miocárdicas.
Las metástasis endocárdicas son poco frecuentes y representan solo el 5%.
Los mecanismos de estas metástasis incluyen
– la propagación directa desde neoplasias cercanas como cánceres de mama y pulmón,
– propagación transvenosa (a través de la vena cava inferior como en los carcinomas de células renales),
– propagación linfática (principalmente en linfomas),
– propagación hematógena a través de las arterias coronarias y venas pulmonares (melanomas, cánceres de pulmón respectivamente) y
– propagación de trombos tumorales.
No es común que los carcinomas de células escamosas (CCE), salvo los de origen pulmonar, metastaticen al corazón.
Cuando lo hacen, suele ser un evento tardío y se observa una diseminación extensa del cáncer, en lugar de una metástasis cardíaca aislada.
El CCE de cabeza y cuello (incluidos los cánceres orales) rara vez metastatiza al corazón.
Solo se han reportado algunos casos de CCE oral.
La metástasis cardíaca suele tener mal pronóstico, en la mayoría de los casos una vez realizado el diagnóstico el tratamiento es paliativo.
Esta serie de casos tuvo como objetivo informar los casos de metástasis cardíaca diagnosticados en el centro de desempeño de los autores durante los últimos dos años, centrándose en la presentación clínica, el mecanismo sospechoso de metástasis, el manejo y el resultado.
Resumiendo lo señalado hasta aquí, es de destacar que las metástasis cardíacas son complicaciones raras pero devastadoras de las neoplasias malignas.
El carcinoma de células escamosas (CCE), en particular el de origen no pulmonar, rara vez metastatiza al corazón, lo que convierte su afectación cardíaca en un fenómeno inusual y poco reportado.
Siendo así, presentaron una serie de casos de cuatro pacientes diagnosticados con metástasis miocárdicas y endocárdicas de CCE en su institución durante dos años.
Se analizaron la presentación clínica, las técnicas de imagen, las posibles vías metastásicas, las estrategias de manejo y los resultados.
Los pacientes (de 41 a 74 años, tres hombres y una mujer) presentaron CCE primario en la vulva, la lengua, la mucosa bucal y el pulmón.
Los síntomas variaron, incluyendo disnea, hipotensión, dolor torácico e ictus.
Todos los pacientes presentaron niveles elevados de troponina.
La ecocardiografía fue crucial para la detección inicial, mientras que la PET/TC confirmó las metástasis; un paciente se sometió a una resonancia magnética cardíaca.
La diseminación hematógena fue probablemente la vía metastásica en la mayoría de los casos.
El tratamiento fue principalmente paliativo; solo un paciente recibió quimioterapia tras el diagnóstico.
La supervivencia tras el diagnóstico de metástasis cardíaca osciló entre unos pocos días y seis meses.
Las metástasis miocárdicas y endocárdicas del carcinoma espinocelular son poco frecuentes y suelen indicar una enfermedad avanzada con mal pronóstico.
El diagnóstico precoz mediante imágenes multimodales y biomarcadores como la troponina puede facilitar intervenciones paliativas oportunas.
De esta manera, una mayor colaboración entre los servicios de oncología y cardiología puede mejorar la atención de soporte y el control sintomático en estos pacientes.
Al someter a discusión las observaciones comentadas los autores precisaron que las metástasis cardíacas de carcinoma escamocelular son extremadamente raras, en particular las que afectan al miocardio.
En esta serie de casos presentada, los cuatro pacientes presentaron afectación miocárdica y endocárdica, un hallazgo menos frecuente en la literatura, donde las metástasis pericárdicas son las más frecuentes (hasta un 69,4%).
En el Centro de Investigación y Atención Integral del Cáncer Sultán Qaboos, de la Ciudad Médica Universitaria de Mascate, Omán, la incidencia de metástasis cardíacas (excluyendo el derrame pericárdico maligno) fue de aproximadamente el 1,3 %, lo que subraya la rareza de esta afección.
No es común que los carcinomas de células escamosas (CCE) que no sean de origen pulmonar metastaticen al corazón, y cuando se produce, suele deberse a una diseminación extensa de la enfermedad, más que a una simple propagación cardíaca aislada.
Las neoplasias malignas de cabeza y cuello, incluyendo los cánceres orales, rara vez causan metástasis cardíaca.
Los tumores pueden llegar al corazón a través de cuatro vías principales:
diseminación arterial,
diseminación linfática,
extensión transvenosa e
invasión directa.
La diseminación arterial típicamente resulta en metástasis al miocardio o endocardio y se observa con frecuencia en cánceres como el melanoma y el sarcoma.
Por el contrario, la diseminación linfática a menudo conduce a la afectación pericárdica o epicárdica, como se ve con carcinomas como los de pulmón y mama, y linfomas.
La extensión transvenosa, como se observa en el carcinoma de células renales de células claras y el carcinoma hepatocelular, puede permitir el crecimiento del tumor en la aurícula derecha a través de la vena cava inferior.
Además, los tumores mediastínicos y pleurales localmente invasivos, como el mesotelioma, pueden invadir el saco pericárdico directamente.
En la serie de casos aquí presentada, la diseminación hematógena fue el mecanismo predominante en casi todos los casos; estos hallazgos subrayaron la importancia de reconocer los síntomas cardíacos en pacientes con CCE de forma temprana, ya que pueden ser indicativos de afectación metastásica.
Las manifestaciones clínicas de las metástasis cardíacas a menudo son inespecíficas y varían según su ubicación y la carga tumoral.
Si bien muchas permanecen asintomáticas y se descubren post mortem, los casos sintomáticos imitan otras afecciones cardiovasculares.
Los síntomas comunes incluyen disnea, palpitaciones, arritmias, edema y dolor torácico, derrame pericárdico, y los casos graves se presentan como taponamiento cardíaco por afectación pericárdica.
Se deben sospechar metástasis cardíacas en pacientes con cáncer con nuevos síntomas cardíacos, especialmente con metástasis distantes o torácicas.
El examen físico puede revelar ruidos cardíacos distantes, nuevos soplos o un frote pericárdico.
Los cambios en el ECG, como anomalías inespecíficas de la onda ST-T, arritmias auriculares o bajo voltaje, pueden sugerir afectación cardíaca, mientras que hallazgos como la elevación prolongada del segmento ST en la malignidad pueden tener alta especificidad para las metástasis.
En esta serie de casos, los pacientes presentaron una amplia gama de presentaciones cardíacas, incluyendo dolor torácico, disnea y palpitaciones, así como manifestaciones más graves, como elevación del segmento ST y embolización tromboembólica distal que resultó en ictus.
Cabe destacar que todos los pacientes presentaron niveles significativamente elevados de troponina, lo que destacó su potencial como un importante biomarcador para la detección temprana de la afectación miocárdica.
Esto concuerda con su papel establecido en la detección de afecciones como la miocarditis y la disfunción cardíaca relacionada con la quimioterapia.
Las imágenes multimodales desempeñaron un papel fundamental en el diagnóstico de metástasis cardíacas en los pacientes, siendo la ecocardiografía particularmente valiosa para la detección inicial.
Las técnicas de imagen cardíaca, como la resonancia magnética cardíaca (RMC), la tomografía computarizada (TC) y la tomografía por emisión de positrones (TEP), ofrecen valiosos métodos no invasivos para la caracterización de masas cardíacas.
La RMC proporcionó una excelente caracterización tisular y pudo detectar masas intramiocárdicas no visibles en la ecocardiografía o la TC.
La TC, con su resolución espacial superior, fue útil para detectar la extensión tumoral desde estructuras adyacentes y evaluar la afectación coronaria.
La PET/TC, que utiliza 18F-fluorodesoxiglucosa (FDG), ayudó a diferenciar los tumores malignos al identificar un aumento del metabolismo de la glucosa, aunque pudo requerir una preparación dietética para suprimir la captación miocárdica normal.
La PET/TC también permitió obtener imágenes de cuerpo entero para detectar metástasis a distancia.
Cada técnica de imagen desempeñó un papel crucial en el diagnóstico y la evaluación de la extensión de los tumores cardíacos y extracardíacos.
En general, la metástasis cardíaca suele tener un pronóstico malo; los carcinomas de células escamosas de cabeza y cuello no son la excepción.
En la mayoría de los casos, una vez realizado el diagnóstico, el tratamiento se vuelve paliativo; solo en unos pocos casos se intenta radioterapia, quimioterapia o intervención.
Las metástasis cardíacas se observan típicamente en pacientes con enfermedad metastásica generalizada.
Por lo tanto, los objetivos principales del tratamiento son la paliación de los síntomas y la prevención o el retraso de su recurrencia.
La intervención quirúrgica generalmente se reserva para los casos en que el pronóstico es favorable, una única masa técnicamente accesible o cuando hay obstrucción intracardíaca.
A pesar de esto, puede requerirse cirugía para aliviar la obstrucción causada por las metástasis cardíacas, aunque los resultados pueden ser malos.
En algunos casos, la radioterapia y la quimioterapia pueden proporcionar un alivio temporal y ayudar a prolongar la supervivencia, aunque el beneficio suele ser limitado.
Como se observó en esta serie de casos, el desenlace clínico de todos los pacientes fue finalmente fatal, con una supervivencia que osciló entre unos pocos días y seis meses.
Un paciente, que presentó una única masa en el tabique, sobrevivió seis meses después del diagnóstico y recibió quimioterapia paliativa.
Otro paciente falleció a los pocos días debido a una embolización distal, que resultó en un ictus mortal.
Como conclusión los autores admitieron que los hallazgos comentados, tuvieron importantes implicaciones para la práctica clínica.
El reconocimiento temprano de las metástasis cardíacas fue fundamental para optimizar la atención al paciente, incluso si no existen opciones curativas.
Una mayor colaboración entre los equipos de oncología y cardiología, junto con los avances en imagenología y biomarcadores, puede mejorar la detección temprana de estas complicaciones, lo que podría mejorar la calidad de vida mediante intervenciones paliativas oportunas.
La metástasis cardíaca del carcinoma escamocelular (CCE) es poco frecuente y suele presentarse en el contexto de una diseminación extensa de la enfermedad, siendo la diseminación hematógena la vía más común para que el CCE alcance el miocardio.
Los síntomas clínicos de la metástasis cardíaca suelen ser inespecíficos, lo que dificulta la detección temprana; sin embargo, los niveles elevados de troponina pueden servir como un biomarcador importante de la afectación miocárdica.
Las técnicas de imagen multimodal, comenzando con la ecocardiografía seguida de la resonancia magnética cardíaca (RMC), la PET/TC o una combinación de estas, son cruciales para diagnosticar la metástasis cardíaca y evaluar la extensión de la enfermedad.
El pronóstico de las metástasis cardíacas suele ser desfavorable, y el tratamiento se centra principalmente en la paliación de los síntomas más que en la intención curativa.
Palabras clave: Metástasis cardíaca, carcinoma de células escamosas, carcinoma escamocelular vulvar, carcinoma escamocelular oral, carcinoma escamocelular pulmonar, niveles de troponina
* Basuoni A, Burney I, Al-Hashami Z, Ahmed M, Kamel AHM, de Oliveira Manoel AL, Al Bulushi Y, Dawelbeit W. When cancer reaches the heart: a case series on rare myocardial and endocardial metastases from squamous cell carcinoma. Arch Clin Cases. 2025 Mar 19;12(1):44-50. doi: 10.22551/2025.46.1201.10311. PMID: 40110364; PMCID: PMC11922157.